dilluns, 16 de novembre de 2015

Us recomanem... Còmic.

Descobrint les novetats...

1953: La Tierra ha entrado en la era del átomo, pero hay un hombre que se cuestiona la civilización que lo rodea. Este hombre es Paul, un escritor de ciencia-ficción en contacto telepático con el héroe de una epopeya galáctica del lejano futuro.
Gibbon Zeblub, reputado consultor del Pentágono y de la industria norteamericana, se interesa por el caso de Paul tras leer un articulo sobre él. Y en un laboratorio de Vermont, Paul sufrirá una experiencia hipnótica que lo empujará a cometer un acto irreparable que deshonrará a su amigo Zarth Arn, el jefe militar más grande de la historia de las estrellas...

Obra reconeguda com millor còmic pel Premi de ciència-ficció Utopiales de Nantes i seleccionada pel Premi Pépites del Saló de Montreuil.

(...)De ahí que “Recuerdos del Imperio del Átomo” tras su aparente y efectiva apariencia de “gran producción”, con elementos fantásticos, costumbristas y realistas, creíbles todos a partes iguales, guarde dos lecturas que se adivinan apenas iniciada la inmersión total en sus páginas: y es que mientras que Clérisse nos hace leer y disfrutar más de 140 páginas en el equivalente a la mejor película de espías de la época, Smolderen en realidad nos está contando tantas cosas de un modo tan curioso que continuamente te sientes forzado a volver atrás a releer ilusionado los innumerables trucos de guión que juegan con los cambios y saltos continuos no sólo en el tiempo, sino que, en este caso, también en el espacio. Al final trazo y palabras, o ausencia de ellas, confluyen en un hermoso homenaje a toda una década que, a riesgo de caer en los tópicos, se muestra orgulloso y nada endeble al paso del tiempo o a las comparaciones históricas.

Smolderen te hace pensar, incluso cuando cede jugosos caramelos retóricos en los que tiene lugar su infinito despliegue de referencias comunes con una gran y amplia cantidad de lectores. Y es que incluso quien no llegase a disfrutar cuando se publicaron de muchas de las obras a las que se aluden, disfrutará de un universo gráfico único enmarcado en una gran historia con la que empatizas desde las primeras páginas, tanto como la hija del protagonista, Paul, ante quien su padre descubre, como cartas, las imágenes que construyeron su pasado antes de preocuparse de igual modo por el suyo. Una gran reflexión ante la que todos nos hemos encontrado alguna vez, al darte cuenta de lo insignificante o importante de cada detalle incluso de las vidas más anónimas. Como si del detalle ajeno más nimio dependiese el rompecabezas final que compone nuestros destinos individuales.